El jugoso negocio de las frutas

 

Idear menús específicos por persona, identificar las propiedades alimenticias de cada fruta y educar a la gente para que modifique sus hábitos alimenticios son tres de las principales estrategias que Fruterías Patty implementa desde hace 26 años y que le han servido para desplegarse con 21 locales por todo Bogotá.

La clave de su éxito ha sido trabajar con frutas exóticas como feijoa, uchuva, kiwi, con las que elaboran jugos, refrescos y postres naturales. “Nuestra fortaleza siempre ha sido producir con materia prima de primera calidad, es decir, frutas que vienen de los mejores cultivos y con una sola misión: entregarles a nuestros clientes productos que alimenten, nutran y que no le hagan daño al organismo”, explica Fernando González, gerente general de la compañía.

Para lograr ese cometido, Patty se concentró en la frutoterapia (la técnica terapéutica basada en las sustancias medicinales de las frutas; como sus proteínas, vitaminas, sales minerales y oligoelementos, etc.) e identificó las propiedades de las frutas encontrando tres clasificaciones distintas: las dulces, las ácidas y las neutras, pero lo más importante, que no debían mezclarse los grupos entre sí.

Con esa información y la asesoría del experto Albert Ronald Morales, la compañía decidió lanzar una agresiva campaña en la que les informó a los clientes las combinaciones que debían consumir para no desaprovechar las bondades de las frutas y, de paso, hacerles entender que una ensalada de frutas podía fácilmente reemplazar un desayuno, un almuerzo o una comida. Es más, que con una perfecta combinación, el organismo no estaría expuesto a intoxicaciones por grasas o alimentos con preservativos.

El público respondió y los clientes acudieron a las primeras sucursales para comentar a los empleados de la frutería sus gustos y preferencias. Ellos recibían a cambio una serie de recomendaciones simulando menús individuales que les permitían a los compradores salir con el apetito saciado de manera sana. Rápidamente, se fue regando la ola del servicio personalizado que se ofrecía en las fruterías y con ella el número de puntos de venta.

Historia de sabor

Patty nació en 1981 en el barrio Venecia, al sur de la capital, con el fin de tener un negocio paralelo al del transporte, gremio en el que estaban inmersos sus fundadores. En un local de 12 metros cuadrados y con espacio únicamente para cuatro personas, abrió su primer local. Sus clientes infaltables eran los ciclistas, quienes después de una agitada jornada de entrenamiento por las rutas que de Soacha conducen a Mesitas del Colegio, el Alto de Rosas y San Miguel, llegaban exhaustos al lugar en busca de un refresco o de una porción de frutas y recobrar fuerzas para seguir su camino a casa.

En 1985 ya había tres locales en el mismo sector y el negocio familiar empezó a tomar cuerpo. Se nombró por primera vez un administrador y por iniciativa de un integrante de la familia, que también practicaba el ciclismo, se tomó la decisión de apoyar a varios nuevos talentos del deporte. El patrocinio se empezó a extender en varios deportistas y antes de culminar el año nació la Clásica Fruterías Patty.

El negocio siguió repuntando y la publicidad que la clásica le dio a la frutería permitió que la gente identificara fácilmente la marca patrocinadora y fue reconociéndose como una de las compañías que más apoyaba el deporte para la época. Tanto, que la carrera fue incluida en el calendario oficial del ciclismo colombiano y quien no la corriera, difícilmente podría entrar a competir en la Vuelta a Colombia.

Hacia 1994, después de experimentar notables niveles de crecimiento, sus propietarios decidieron concentrarse en el negocio y dejar a un lado su antiguo oficio, el transporte. La figura del administrador era reemplazada por un nuevo gerente “que específicamente llegó con la idea de la expansión. Diseñó campañas para ampliar el cubrimiento de la frutería por toda la ciudad. Inicialmente la proyección fue muy buena, pero como sucede en todas las empresas, fracasamos en el intento”, comenta González.

Sin embargo, el diseño implementado por el nuevo gerente era un plan de largo aliento y superadas los obstáculos iniciales, Fruterías Patty logró posicionarse de nuevo y concretar el plan de crecimiento que hoy en día lo tiene con 21 sucursales por toda la ciudad ubicadas en distintos centros comerciales, algunos almacenes Éxito y otros tantos de Carrefour. Sus planes desde ya se concentran en abrir una nueva sucursal a final de mes.

Entre tanto, la compañía ya ha recibido ofrecimientos constantes de empresarios de México, Venezuela, Panamá y Ecuador, que buscan llevar la marca Patty a sus países y comercializar directamente los productos que en esta empresa colombiana se venden. Cadenas como Dunkin' Donuts ya se ha puesto en contacto con ellos. Por el momento, la frutería ya está diseñando los paquetes comerciales que les permitan entrar en ciudades como Medellín, Cali, Santa Marta, Cartagena y Barranquilla, en los que sin duda “vamos a tener éxito, porque si lo hemos tenido en Bogotá, que no es una plaza tradicional para nuestros productos, hay que imaginarse en ciudades de clima cálido”, puntualiza González.

El promedio de ventas para esta cadena de alimentos se ubica en 120.000 ensaladas por mes, 60.000 jugos y su margen de crecimiento por año supera el 25%. El público objetivo que más consume los productos son mujeres y, por edades, son los niños y los ancianos de estratos tres, cuatro y cinco.

Una pequeña compañía que sabe que las frutas son un negocio muy rentable, y que con los 250 empleados que tiene, dice haber cultivado un modelo administrativo envidiable y con experiencia que no tiene precio. Esa misma con la que saben, van a llegar a cada uno de los rincones de Colombia, porque como dice su gerente, en “un país tan rico como el nuestro, con tantas variedades de frutas, la gaseosa debería ser lo último que deberíamos tomar”.

Logística de transporte en alimentos perecederos

En Colombia el transporte de alimentos resulta ser uno de los más costosos cuando se analiza el cuadro de gastos de una compañía y más cuando se trata de alimentos perecederos como las frutas y las verduras. Cada vez que se quiere trasladar este tipo de productos desde sus lugares de origen o desde los puertos por donde llegan los importados, hay que contar con un margen de tiempo superior a las 24 horas. Si la mercancía transportada es delicada, como por ejemplo la manzana, el durazno, la fresa o las uvas, es necesario contratar equipos especiales que permitan que la mercancía viaje siempre refrigerada.

El costo del transporte de un contender de 20 toneladas puede superar los 2 millones de pesos desde Buenaventura hasta Bogotá y el margen de pérdidas por la manipulación de la mercancía puede superar los 500 mil pesos. Al costo del transporte desde el puerto hasta la ciudad hay que sumarle los gastos que implica descargar la mercancía en una bodega, almacenarla, redistribuirla y llevarla hasta le consumidor final. El costo de este tipo de procesos en mercados centroamericanos y de Estados Unidos puede superar los 5 dólares por caja, monto que resulta pagando el último eslabón de la cadena, el consumidor.

Fuente: www.elespectador.com | Fecha: 2007-06-23

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